Alrededor, la Cordillera Oriental de los Andes y sus altas cumbres se muestra con todo su esplendor y, más allá, el Río Guamag nos anticipa “algo”, apenas, de lo que sería nuestro próximo destino: la Hacienda Guamag.
Era un nuevo día en tierras ecuatorianas y María del Carmen Luna de Acosta nos esperaba para agasajarnos con un rico desayuno elaborado con los alimentos característicos de la zona. El lugar es una impresionante hacienda, que conserva su fachada exterior característica, ambientada fastuosamente en cada rincón de su interior, y equipada con toda la comodidad y el confort para recibir a los huéspedes que deciden visitar el predio.
Y después del desayuno… a disfrutar de un día lleno de emociones, en medio del exotismo propio de los Andes que se funde en el paisaje con las cataratas de la región y el verde de la vegetación cordillerana. Pero la aventura había comenzado mucho antes ya: es que para llegar a la Hacienda Guamag tuvimos que atravesar en tarabita el valle del Río Pastaza; fueron 430 metros de ancho, suspendidos a 180 metros de altura en una canasta metálica (literalmente hablando), con capacidad para diez personas, que se desliza sobre un cable de acero grueso y es impulsada por un motor de transporte terrestre.
Después de la impresión del primer momento “en el aire”, el trayecto en tarabita queda corto frente a la grandeza del paisaje, porque desde las alturas se llega a ver el valle y el nacimiento de la cascada de Agoyán, formada por el caudal de los ríos Guamag y Pastaza, con su imponente salto.
Además, en la Hacienda Guamag hay diversos senderos ecológicos para recorrer, por ejemplo el de los cultivos de mandarinas, limones, aguacates y naranjillas, y el de las diversas flores típicas del lugar, como las orquídeas. También se pueden avistar aves desde el puente colgante del río Guamag, practicar la pesca deportiva de truchas, entre otras propuestas.
La hacienda se dedica al turismo ecológico y actualmente está recibiendo visitantes, brindando senderos entre 5 minutos y 2 horas y media entre los que se destaca “el sendero de los contrabandistas” que permite recorrer el camino que utilizaban los contrabandistas en épocas de prohibición de bebidas alcohólicas, y permitiendo acampar dentro de las 207 hectáreas que posee esta propiedad.
Fuente: Teleaire.com

